sábado, 9 de agosto de 2008

En los jardines del Rey Sol

Rami Alqhai y Miguel Rincón en el Alcázar el 7 de agosto de 2008 (© Manuel Gómez / Diario de Sevilla)
ALQHAI / RINCÓN

Noches en los Jardines del Real Alcázar. Intérpretes: Rami Alqhai, viola da gamba; Miguel Rincón, tiorba. Programa: Fiesta campestre (obras de Marin Marais, Antoine Forqueray y Robert de Visée). Lugar: Jardines del Real Alcázar. Fecha: Jueves 7 de agosto. Aforo: Casi lleno.

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EN LOS JARDINES DEL REY SOL

Luis XIV adoraba la danza y la música, aunque seguramente menos que sus jardines. En su ostentosa corte versallesca, éstos se llenaron en cualquier caso de obras de arte y también de artistas, con los músicos ocupando un lugar de privilegio. Tanto Marin Marais y Antoine Forqueray, rivales en su estilo de interpretación violístico, como el guitarrista Robert de Visée trabajaron en Versalles al servicio del Rey Sol, y así, juntos, quisieron presentarlos Rami Alqhai y Miguel Rincón, trasladando al oyente con la imaginación de los sevillanos jardines del Alcázar a los de la corte francesa a principios del siglo XVIII.

Alqhai y Rincón pertenecen a esa joven generación de músicos sevillanos dedicados al Barroco que han ido asimilando el magisterio de sus profesores, históricos de nuestra música como Ventura Rico o Juan Carlos Rivera, para estar ya en condiciones de dar un salto adelante y mostrar una personalidad propia, bien formada e independiente. Miguel Rincón es un laudista de extraordinaria finura y sensibilidad, que fue capaz de emocionarnos y embrujarnos con una chacona de Visée (al menos hasta que la brisa de la noche quiso pasar las páginas de la partitura sin contar con el permiso del músico) y que brindó a su compañero un continuo de soberana elegancia, siempre atento al menor matiz. Rami Alqhai ha refrenado acaso su entusiasmo desbordante de hace unos años. Su forma de tocar es ahora más delicada, más contenida, no por ello menos apasionante ni virtuosa, como mostró en las muy difíciles piezas de Forqueray, que interpretó con gran fluidez y agilidad, notable riqueza ornamental y abundantes contrastes, recurriendo casi siempre a tempi muy rápidos, lo que acaso restó algo de su doliente poder expresivo a la enigmática La Portugaise, pero llenó de frescura, gracia y sensualidad a La Jupiter o a las Folías de España de Marais, que cerraron el recital de forma explosiva por el vigor indesmayable que lograron transmitir los intérpretes a todas y cada una de sus variaciones.

[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 9 de agosto de 2008]

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